El monstruo del
lago Ness, familiarmente llamado Nessie, es el nombre de una criatura que se
dice que habita en el lago Ness, un profundo lago de agua dulce cerca de la
ciudad de Inverness.
Los rumores de un
monstruo vive en el lago han circulado
durante siglos desde hace 1.500 años.
La más antigua
referencia sobre una misteriosa criatura presente en el lago Ness, se
encontraría en la Vida de san Columba donde se describe que en el año 565 San
Columba (521-597) habría salvado a alguien que supuestamente estaba siendo
atacado por un animal en el lago Ness.
Sin embargo la
primera descripción moderna sucedió en 1868. Un artículo publicado en el
Inverness Courier, es el primero en referirse sobre rumores acerca de la
existencia de un «pez enorme u otra criatura» en la profundidad de las aguas.
Y a partir de e
este primer artículo sucedieron uno cuantos:
En
1930, el periódico Northern Chronicle publicó una noticia titulada «Una extraña
experiencia en el lago Ness»en la que contó la historia de dos pescadores que
decían haber visto un animal que produjo un gran remolino cerca de Tore Point. En
1932, K. MacDonald afirmó que había visto a una criatura similar a un cocodrilo
remontando el Lago Ness.El
artículo definitivo sobre la hipótesis del monstruo del lago Ness, fue el
avistamiento que habría tenido lugar el 2 de mayo de 1933.El periódicoInverness Courier publicó la noticia de una pareja local que dijo haber visto
«un enorme animal rodando y hundiéndose en la superficie». El informe del
«monstruo» (título elegido por el editor del Courier) se convirtió en una
sensación entre los medios. Las editoriales de Londres comenzaron a enviar
reporteros a Escocia, e incluso un circo ofrecía una recompensa de 20.000
libras esterlinas por la captura del monstruo. Más
tarde ese mismo año, A. H. Palmer, quien atestiguó un avistamiento de Nessie el
11 de agosto de 1933, a las 7:00 de la mañana,describió a la criatura como
teniendo su cabeza a la que consideró como estando de frente al ras del agua.
Su boca, que tenía una anchura de entre 30 y 45 centímetros.
La prueba más
evidente de la criatura, ya conocida
como un monstruo prehistórico del lago Ness, fue la fotografía presuntamente
tomada por el cirujanoR. K. Wilson el 19 de abril de 1934, que parecía mostrar
a una enorme criatura de cuello largo que se asomaba en el agua. Al principio de
1970,un grupo encabezado por el abogado estadounidense Robert Rines obtuvo
algunas fotografías subacuáticas. Una de ellas era una vaga imagen, quizás de
una aleta romboidal. Con base en esta fotografía, Sir
Peter Scott, uno de los naturalistas más conocidos de Gran Bretaña, anunció en
1975 que el nombre científico del monstruo sería en adelante Nessiteras
rhombopteryx (del griego ‘monstruo de Ness con aleta de forma diamantada’).
Las fotografías
subacuáticas fueron obtenidas examinando las profundidades del lago con el
radar, en búsqueda de actividad subacuática inusual.
Una cámara
fotográfica subacuática con una luz de alta potencia colocada (necesaria para
penetrar la famosa oscuridad del lago Ness) fue montada para registrar imágenes
debajo de la superficie.
En varias de las
fotografías, indican la existencia de un animal que se asemejaría a un
plesiosaurio en varias posiciones.
También se
obtuvieron algunos acercamientos de lo que se sugiere que es la aleta en forma
de diamante.
Sin embargo, la
comunidad científica e incluso muchos criptozoólogos han descartado estas
pruebas, ya que se conoce que todas estas fotografías fueron modificadas por
computador, y no corresponden a las originales.
En definitiva el
misterio del monstruo del lago Ness, sigue despertando muchas controversias.
El yeti o
abominable hombre de las nieves , solo se cuenta con relatos que lo describen
como un simio gigante bípedo que se cree está localizado en las zonas boscosas
de la cordillera del Himalaya.
En algunos
monasterios de Nepal se conservan restos supuestamente pertenecientes al yeti.
En el año 2008,
un grupo de investigación japonés encabezado por el científico Yoshiteru
Takashi, recorrió durante 42 días la región de alta montaña Dhaulagiri IV
dejando constancia de haber fotografiado presuntas huellas de unos 45 cm de
longitud del escurridizo primate.
Takashi asegura
que volverá a Nepal y al Tíbet durante los próximos años y no dejará el
proyecto hasta que su grupo obtenga pruebas fehacientes de la existencia del
ser legendario más buscado del planeta. El yeti también es llamado "El
Mono Dorado".
Por otro lado,
Reinhold Messner, primer alpinista en subir al Everest sin oxígeno, primero en
hacerlo en solitario, considerado el mejor alpinista del mundo, acostumbrado a
vivir en la zona, tras realizar un avistamiento dedicó unos años a su estudio y
ha escrito un libro sobre el tema, identificando al ser con el jemo o jemong,
el oso pardo tibetano, animal nocturno, grande, que puede caminar a dos patas,
de color variable, siempre solitario salvo cuando busca pareja o durante la
cría, siendo muy temido por su gran fuerza por los habitantes de la zona, ya
que ha causado muchas muertes. Otras fuentes señalan lo mismo, se trataría de
un oso similar al oso pardo polar noruego de tipo lanudo adaptado a las
alturas.
En algunos
monasterios de Nepal se conservan restos supuestamente pertenecientes al yeti. En los
monasterios budistas de Khumjung, Pangboche y Namché Bazaar, en Nepal, se dice
que conservan como reliquias los cueros cabelludos o escalpos de yetis (además
de una supuesta mano incorrupta en el de Pangboche).
El Triángulo de
las Bermudas es un área geográfica con forma de triángulo equilátero situada en
el océano Atlántico entre las islas Bermudas, Puerto Rico y la ciudad
estadounidense de Miami (en el estado de Florida). Al unir estos tres puntos
con una línea imaginaria se forma un triángulo de unos 1600 a 1800 km de lado,
y una superficie de 1,1 millones de km² aproximadamente.
El término fue
creado en 1951, por varios escritores que publicaron artículos en revistas
acerca de la presunta peligrosidad de la zona. Sin embargo, las estadísticas de
la Guardia Costera de Estados Unidos no indican que en esa zona haya más
desapariciones de barcos y aviones que en otras zonas de igual tráfico.
Ya desde la era
de la vela, las naves que viajaban a Europa pasaban continuamente por esta zona
para aprovechar los vientos dominantes y la corriente del Golfo. Luego, con el
desarrollo de las máquinas de vapor y los barcos con motores de combustión
interna, gran parte del tráfico del Atlántico Norte siguió cruzando (y todavía
lo hace) a través del área del supuesto «Triángulo de las Bermudas».
La corriente del
Golfo, un área con un tiempo muy inestable (conocida por sus huracanes),
también pasa por el triángulo al abandonar el mar Caribe. La combinación de un
denso tráfico marítimo y el tiempo tempestuoso hace posible que algunos barcos
se adentren en tormentas y se pierdan sin dejar rastro, especialmente antes del
desarrollo de las telecomunicaciones, el radar y los satélites a finales del
siglo XX.
La primera
mención documentada acerca del Triángulo de las Bermudas se hizo en 1951: E. V.
W. Jones periodista de Associated Press escribió respecto a algunos barcos
perdidos en la zona de las Bahamas. Jones dijo que las desapariciones de
barcos, aviones y pequeños botes eran «misteriosas». Y le dio a esta zona el
apodo de «Triángulo del Diablo».
Al año siguiente
(1952) George X. Sand afirmó en un artículo de Revista de Destino que en esa
zona sucedían «extrañas desapariciones marinas».
En 1964, el
escritor sensacionalista Vincent Gaddis (1913-1997) acuñó el término «Triángulo
de las Bermudas» en un artículo de la revista amarillista estadounidense
Argosy. Al año siguiente publicó el libro Invisible horizons: true mysteries of
the sea (Horizontes invisibles: los verdaderos misterios del mar), donde
incluía un capítulo llamado «El mortal triángulo de las Bermudas».
Generalmente, Gaddis es considerado el inventor del término.
En 1974 diez
años después de la invención del Triángulo, el pretendido misterio se
convirtió en un verdadero mito gracias a Charles Berlitz (1914-2003), escritor
neoyorquino de ciencia ficción, que publicó el superventas El Triángulo de las
Bermudas, donde copió bastante texto de Gaddis y recopiló casos de
desapariciones (muy manipulados y mal presentados), mezclados con falsedades y
flagrantes invenciones.
El Triángulo de
las Bermudas ha recibido el crédito de muchas desapariciones que ocurrieron en
sus aguas extraoficiales (aunque en algunos casos incorrectamente). A la fecha,
la mayoría está de acuerdo en que más de 50 naves y 20 aviones se han perdido
en esa área particular del océano Atlántico. Aunque la mayoría de estas
desapariciones pueden explicarse, otras no pueden serlo, y el tema continúa
siendo un debate entre creyentes y escépticos.
Los incidentes
más populares se listan a continuación:
1840: el HMS
Rosalie, barco que se dirigía a La Habana (Cuba), fue hallado sin tripulación.
1872: el Mary
Celeste (hundido entre las islas Azores y la Península Ibérica, a unos 5000 km
de distancia de las islas Bermudas); se debe tener presente que a cada lado del
triángulo se le atribuye solo 1500 km
1902 (4 o 21 de
octubre): el Freya, buque alemán encontrado a la deriva «poco después» de
zarpar de Manzanillo (Cuba), hacia Chile. En realidad había dado la vuelta a
Sudamérica por Punta Arenas (sur de Chile) y fue encontrado frente a la costa
occidental de México (varios meses después de zarpar de Cuba), arrastrado por
las corrientes del océano Pacífico.
1909, noviembre:
The Spray, un pequeño yate del aventurero canadiense Joshua Slocum (20 de
febrero de 1844 -14 de noviembre de 1909, o días después).
1917: se hunde el
SS Timandra, que se dirigía a Buenos Aires desde Norfolk (Virginia) con una
carga de carbón y una tripulación de 21 personas. No emitió ninguna señal de
radio, a pesar de que tenía la capacidad para ello.
1919: se hunde la
nave carguera USS Cyclops (AC-4) con 308 hombres a bordo, debido a un huracán.
1921: se hunde la
nave carguera Carroll A. Deering en el cabo Hatteras (a 1050 km al oeste de las
islas Bermudas y unos 800 km al noroeste del triángulo).
1925 (21 de
abril): el Raifuku Maru se hunde con testigos en medio de una tormenta a 1063
km al norte de las islas Bermudas) totalmente fuera del Triángulo.
1925, octubre se hunde el
carguero estadounidense SS Cotopaxi, «que desde la costa de Florida transmitió
que el clima se encontraba en calma, y no envió ninguna señal de auxilio». En
realidad, Meyers (capitán del barco) informó por radio que el barco estaba
escorando y que tenían la bodega llena de agua.
1926: se hunde el
SS Suduffco, debido a un huracán (un capitán que salió en su búsqueda lo llamó
«el peor clima que he visto en mi vida»).
1938: se hunde el
HMS Angloaustralian en las islas Azores (a más de 4000 km al este del
Triángulo), después de emitir «en la tarde hemos pasado Faial. Todo bien».
1942: el
submarino francés Surcouf es embestido por el carguero estadounidense Thompson
Lykes cerca del Canal de Panamá (a unos 1800 km al sur de Miami; muy lejos del
Triángulo).
1945: desaparecen
5 aviones TBM Avenger (el famoso Vuelo 19) de la Marina estadounidense.
1947: se hunde el
Army C-45 Superfort a 160 km de las Bermudas (fuera del Triángulo).
1948: se hunde el
SS Samkey (Berlitz dice que se hundió en 1943, pero ese fue el año de
inauguración). Dio su posición: 41° 48’ N 24° O (200 km al noreste de Azores, y
a 4200 km fuera del Triángulo). Solo transmite: «Todo va bien».
1948: desaparece
la aeronave Tudor IV Star Tiger, con 31 pasajeros.
1948: desaparece
un avión DC-3 NC16002, con 28 pasajeros y la tripulación.
1949: desaparece
el segundo Tudor IV, Star Ariel.
1950: desaparece
un avión Globemaster, de la Fuerza Aérea estadounidense.
1950: se hunde el
carguero estadounidense SS Sandra (de 350 pies), después de pasar por San
Agustín (Florida) en su ruta hacia Puerto Cabello (Venezuela).
1952: desaparece
un avión de transporte British York con 33 personas a bordo.
1954: desaparece
un avión Lockheed Constellation, de la armada estadounidense, con 42 pasajeros
a bordo.
1956: desaparece
una avioneta de la marina estadounidense, el Martin P5M, con 10 tripulantes.
1962: desaparece
un avión KB-50 Tanker, de la fuerza aérea estadounidense.
1963: se hunde el
Marine Sulphur Queen, probablemente al desembarcar de Dry Tortugas; cargaba
azufre fundido (posiblemente sin medidas de seguridad).
1967: desaparece
un avión militar YC-122 convertido en avión de carga.
1967: se hunde el
crucero Witchcraft a una milla de Miami; realizó una llamada a la guarda costera,
pero a los 19 minutos ya se había hundido completamente.
1970: se hunde el
carguero francés Milton Latrides cuando navegaba desde Nueva Orleans hacia
Ciudad del Cabo; llevaba una carga de aceite vegetal y refresco cáustico.
1972 (aunque
Berlitz dice 1973): se hunden en una tormenta dos cargueros alemanes: el Anita
(de 20.000 toneladas, con una tripulación de 32) y su barco gemelo, el Norse
Variant (ambos con carga de carbón). Un sobreviviente de este último fue
encontrado flotando en una balsa; describió la pérdida del barco en medio de un
huracán. Las olas rompieron la tapa de la compuerta y hundieron rápidamente la
nave.
1976: se hunde el
SS Sylvia L. Ossa en un huracán al oeste de las Bermudas (fuera del triángulo).
1978: se
encuentra abandonado al SS Hawarden Bridge en las Indias Occidentales. Se
presume que se debió a un crimen cometido. Meses antes, en febrero, la Guarda
Costera de los Estados Unidos lo había detenido en Cape Knox y había encontrado
marihuana.
1980: se hunde el
SS Poet en un huracán, cuando transportaba granos hacia Egipto.
1995: se hunde el
carguero Jamanic K (construido en 1943), tras zarpar de Cabo Haitiano.
1997: se hunde un
yate alemán.
1999: se hunde el
carguero Génesis después de zarpar del puerto de San Vicente; su carga incluía
465 toneladas de tanques de agua, tablas, hormigón y ladrillos; informó de
problemas con una bomba de achique un poco antes de perder el contacto. Se
realizó una infructuosa búsqueda en un área de 85 000 km² (33.000 millas
cuadradas).
Otros barcos
Atlanta
(importante buque no desaparecido; el pequeño bote desaparecido se llama
Atalanta).
Connemara
IV
Gloria
Colite
John and
Mary
Rubicon
(desaparecido en medio de una tormenta tropical; aunque Berlitz afirma que
desapareció en clima normal).
Stavenger (barco
inexistente inventado por Berlitz).
Debe notarse que
algunos de los casos listados anteriormente, que popularmente están asociados
con el Triángulo de las Bermudas, realmente no estuvieron en el área del
Triángulo en el momento de su desaparición.
TBM Avenger
volando en formación.
Uno de los
incidentes más conocidos y probablemente el más famoso sobre el Triángulo de
las Bermudas es acerca de la pérdida de un escuadrón de cinco bombarderos TBM
Avenger de la marina de Estados Unidos durante un vuelo de entrenamiento que
salió de Fort Lauderdale (Florida) el 5 de diciembre de 1945. De acuerdo con el
escritor fantástico Charles Berlitz (1914-2003), el caso consistía en que
varios aviadores navales simplemente desaparecieron después de que informaran
de varios efectos visuales extraños, una afirmación que no es completamente
acertada. Además, Berlitz afirmó que debido a que los restos de los TBM Avenger
flotarían por largos periodos de tiempo, estos debieron ser encontrados al día
siguiente considerando que esos días se registraron con marea tranquila y cielo
despejado. Sin embargo, no solo no pudieron ser encontrados, sino que un avión
de búsqueda y rescate de la Marina que mandaron también se perdió. (Los Martin
Mariner tenían muy mala fama entre los pilotos de la época debido a que sus
tanques de combustible se inflamaban muy fácilmente; por lo que, un destello
visto al poco de despegar la nave, pudo corresponderse con su explosión).
Adicionalmente, la intriga se incrementó al conocer que el informe del
accidente de la Marina lo atribuyó a «causas o razones desconocidas».
Mientras que
algunos hechos de la versión de Berlitz son esencialmente exactos, no describe
algunos detalles importantes. La visión de un experimentado escuadrón de
aviadores de combate perdiéndose en una tarde soleada es inexacta. Para cuando
se recibió la última transmisión de radio del Vuelo 19, había comenzado un
tiempo tormentoso. Tan solo el líder de vuelo, el Teniente Charles Carroll
Taylor, tenía experiencia de combate y un tiempo de vuelo significativo, pero
al mismo tiempo tenía muy poca experiencia en esa área en particular, menor que
la de los aprendices bajo su servicio, Taylor fue descrito como un líder
calmado y confiado. En cambio, las transmisiones de radio del Vuelo 19
revelaron a un Taylor desorientado, con una carencia de confianza en sus
decisiones, y completamente perdido.
Además, las
afirmaciones exageradas establecían que todos los aviones tuvieron problemas
con sus brújulas. Sin embargo, los informes navales y registros escritos de las
conversaciones entre el Teniente Taylor y otros pilotos del Vuelo 19 no
indicaban esto. En cuanto al informe de la Marina, se afirmó que el informe
original atribuyó el accidente a la confusión del comandante de vuelo. El
Teniente Taylor previamente había abandonado su nave en dos ocasiones en medio
del Pacífico después de haberse perdido, para regresar al portaaviones. Sin
embargo, el informe se alteró para retratar otra situación debido a los deseos
de su familia.
Otro factor a
considerar es que las naves TBM Avenger nunca fueron diseñadas para el
acuatizaje, contrario a las afirmaciones de Berlitz. La experiencia de combate
en el Pacífico demostró que un avión Avenger se hundía muy rápidamente si este
amaraba. Para un Avenger sería muy difícil amarar, especialmente con pilotos
novatos al mando, y al dejarlo en los mares peligrosos del Triángulo de las
Bermudas.
Sin embargo, el
hecho de que hasta la fecha no se ha descubierto rastros o algún resto de las
naves ha llevado al misterio, y, en sí mismo, es un caso raro. En un documental
sobre este evento de The History Channel, se hizo notar que un piloto puede
confundir fácilmente su ubicación si permite que su imaginación controle su
razón. En este documental el escenario más probable fue que el líder de vuelo,
el teniente Charles Taylor se confundiera y se desorientara. Siendo indeciso en
última analogía de la situación del vuelo, habría creído incorrectamente que
estaban lejos del sureste de Florida Keys, y girado bruscamente hacia la
derecha, creyendo que encontrarían tierra. En cambio, ellos se ubicaban
exactamente donde debían estar, fuera de las Bahamas, y al girar a la derecha
los llevó más adentro del océano hacia el Atlántico. Esto también podría explicar
por qué los aviones todavía no han sido encontrados, ya que muy pocas búsquedas
se han concentrado en las inmensas áreas abiertas del océano.
Por consiguiente,
la explicación generalmente más aceptada por entusiastas navales y civiles que
han investigado minuciosamente este incidente coincide en que el Teniente
Charles Taylor se confundió y se desorientó, llevando a su tripulación al mar
abierto donde se les acabó el combustible y aterrizaron en aguas tormentosas
durante la noche. Y aunque los pilotos estudiantes sabían que él estaba
equivocado sobre su ubicación; él era el líder de vuelo y estaba al mando. Para
cuando él tomó el consejo de uno de sus aprendices pilotos sobre volar hacia el
oeste, ya se encontraban muy lejos como para aterrizar sobre tierra firme. La
posición oficial de la Marina estadounidense sobre el incidente no refleja
ningún misterio relacionado a lo que le pasó al Vuelo 19, describiendo el hecho
de que la culpa residió completamente en el Teniente Charles Taylor. El único
misterio para la Marina estadounidense es dónde se estrellaron los aviones del
Vuelo 19.
Otra hipótesis en
ese mismo documental declara que los aviones realmente pudieron haber estado
donde Taylor creyó que ellos estaban, y que se estrellaron en los pantanos de
Georgia. Sin embargo, esa hipótesis se ha tomado con escepticismo.
En 1991, los
restos de cinco Avengers fueron descubiertos frente a las costas de la Florida,
pero los números de serie del motor revelaron que no eran del Vuelo 19.1 Los
registros revelaron además que estas aeronaves descubiertas, habían sido
declaradas obsoletas no aptas para el mantenimiento/reparación y fueron
simplemente eliminadas en el mar.
Los registros
también mostraron accidentes de entrenamiento entre 1942 y 1945 que representaron
la pérdida de 95 elementos de personal de la aviación de NAS Fort Lauderdale. Los investigadores han ido ampliando su ámbito para incluir más al este, en el
Océano Atlántico, pero los restos del Vuelo 19 todavía no han sido confirmados
como encontrados.
Un hidroavión de
rescate PBM Mariner también desapareció sin dejar rastro durante la búsqueda
del Vuelo 19, tal como Berlitz declaró en su libro. Esto incrementó la
especulación sobre fenómenos sobrenaturales y el Triángulo de las Bermudas, y
aunque Berlitz aludió en su libro a la casualidad sobre el Triángulo de las
Bermudas, se formula en cierto modo que algunos puntos también son misteriosos
y desconocidos, cuando de hecho no lo fueron.
El SS Gaines Mill
informó de una explosión por encima del agua poco después de que despegó el PBM
Mariner, en el lugar donde debía de estar este. Se pudo divisar una mancha de
aceite en ese punto, pero el mal tiempo impidió que se recobrara cualquier
resto, y para cuando el tiempo tormentoso terminó, todos los rastros del
accidente ya no estaban ahí. El escenario más probable fue que una fuga de
combustible causó la explosión que desintegró el avión.
Las explicaciones
que han dado muchos investigadores para estas desapariciones van desde
secuestros por parte de piratas modernos a un simple error humano.
Volviendo a las
posibles explicaciones, los análisis menos fantasiosos apuntan a que las
fuertes corrientes y la profundidad de las aguas podrían explicar la ausencia
de restos, subrayando que varias de las desapariciones atribuidas a esta zona,
ocurrieron en verdad a más de 600 kilómetros. Además, cada día varios cientos
de naves civiles y militares atraviesan la región sin contratiempos.
Se estima que en
los últimos 100 años por esa zona han pasado unas 10 millones de naves (100.000
por año). Se cree que desde mediados del siglo XIX han desaparecido un total de
50 barcos y 20 aviones.
Las
desapariciones dentro de la zona, ya que si bien la zona es una de las que más
tráfico aéreo y marítimo registran, la frecuencia de los accidentes es
proporcionalmente muy baja, en comparación con otros puntos del globo. La
aseguradora marina Lloyd de Londres ha determinado que el triángulo no es más
peligroso que cualquier otra área del océano, y no cobra tarifas adicionales
por el paso a través de esta región. Los archivos de la Guardia Costera
confirman esta conclusión. De hecho, el número de supuestas desapariciones es
relativamente insignificante considerado el número de naves y aviones que pasan
regularmente a través del triángulo.
Aunque ya existía
el precedente de Gaddis, tal como se ha explicado, la tasa de accidentalidad de
la zona no ofrecía casos suficientes de desapariciones que pudiera incluir en
su libro y que tuvieran algún punto no resuelto en la aclaración del accidente.
Por este motivo, Berlitz recurrió a diversas estratagemas para hinchar su obra.
Varios de los
barcos que Berlitz mencionó no se encontraban en ese enclave geográfico. Es el
caso del Mary Celeste, que se hundió entre las Azores y la Península Ibérica.
El Freya también lo sitúa en las Bermudas, pero desapareció en el Pacífico, así
como el Raifuku Maru, que desapareció en el Atlántico Norte. A otros los nombra
erróneamente, como el Atlanta, llamado realmente Atalanta.
También hay
desapariciones que no son tales, como las del caso de los buques de guerra
Proteus y el Nereus (1941) que está constatado que se hundieron en acciones
bélicas. Para el hundimiento del Rubicon, Berlitz mintió afirmando que
desapareció en circunstancias de clima normal cuando está comprobado que hubo
una fuerte tormenta en la zona. En otras ocasiones, recurrió a escribir sobre
barcos ficticios, como el Stavenger.
Además el
Triángulo de las Bermudas es una de las zonas con más tráfico aéreo y naval de
todo el mundo y con incidencias climáticas como tormentas y huracanes que hacen
muy factible y explicable la cantidad de naves hundidas, sobre todo antes de la
invención de los sistemas de navegación actuales. Estos han desbaratado la
invención de Berlitz, ya que no se ha vuelto a registrar ni un solo caso de
aeronave desaparecida en una de las zonas con más tráfico aéreo del mundo,
aunque supuestos "testigos" hablan de los "incidentes" que
sufrieron con sus avionetas particulares y que acabaron felizmente.
En cuanto se
perfeccionen las técnicas de inmersión en aguas profundas es probable que se
recuperen la mayoría de los barcos perdidos.
Lawrence Kusche,
un bibliotecario de la Universidad Estatal de Arizona en la época del incidente
del Vuelo 19, a comienzos del año 1975, se sintió intrigado por el número de
estudiantes que llegaban preguntando acerca del Triángulo de las Bermudas.
Comenzó entonces una exhaustiva investigación de seguimiento de los informes
originales. Finalmente publicó sus hallazgos en 1975 en The Bermuda triangle
mystery solved. (El misterio del Triángulo de las Bermudas solucionado).
La investigación
de Kusche reveló una gran cantidad de incoherencias y falta de exactitud entre
los informes de Berlitz y las declaraciones originales de los testigos,
participantes y otros involucrados en los incidentes iniciales.
Demostró que
muchos de los casos citados por los difusores del supuesto misterio ni siquiera
existieron (presentaban números de vuelo falsos o de barcos inventados), y que
la mayoría de las tragedias que sí ocurrieron se situaron fuera de los límites
del Triángulo. Notó que había casos en que no se
informaron datos pertinentes, por ejemplo en el caso del navegante
circunnavegador Donald Crowhurst, que Berlitz presentó como un misterio, a
pesar de que hubo evidencia clara de que Crowhurst había fraguado el proyecto
de su viaje y probablemente se suicidó.
Según Kusche, la
credibilidad de Berlitz «es tan baja que virtualmente es inexistente. Si
Berlitz informase de que un barco es rojo, las posibilidades de que fuera de
otro color constituirían casi una certeza. Dice cosas que simplemente no son
ciertas. Deja de lado todo material que contradiga su “misterio”».
Otro ejemplo fue
el barco-transporte que Berlitz describió como perdido sin rastro por tres días
en el Atlántico cuando estuvo perdido por tres días en un puerto del mismo
nombre (Manzanillo) en el océano Pacífico.
Kusche también
argumentaba que un gran porcentaje de los incidentes que Berlitz atribuye a la
misteriosa influencia del Triángulo de las Bermudas realmente ocurrieron muy
lejos de allí. Kusche extrajo varias conclusiones:
La proporción
entre buques y aviones que se informaron como perdidos, y los que atraviesan
sin problemas el Triángulo de las Bermudas no fue significativamente mayor que
en cualquier otra área del océano.
En una zona donde
son frecuentes las tormentas tropicales repentinas, la desaparición total de
algunos barcos no debería considerarse rara, desproporcionada, improbable, ni
misteriosa.
Las estadísticas
de los casos fueron exageradas debido a una pobre investigación. Por ejemplo,
algunos botes informados como perdidos y que finalmente regresaron a su puerto
con retraso, permanecieron registrados como «perdidos».
En los informes
de Berlitz, en las circunstancias de las desapariciones confirmadas se miente o
exagera. Por ejemplo, cuando Berlitz informaba que un barco había desaparecido
en un día de sol, los informes del tiempo de esa fecha indican una tormenta
tropical.
«La Leyenda del
Triángulo de las Bermudas es un misterio fabricado... perpetuado por escritores
que, intencional o ignorantemente, hicieron uso de conceptos erróneos,
razonamiento defectuoso y sensacionalismo».
Los críticos
alegan que Berlitz y otros han exagerado los aspectos «misteriosos» de algunos
casos (Berlitz mismo no abogaba por ninguna explicación paranormal), y arguyen
que en el Triángulo de las Bermudas no hay más «desapariciones» que en ninguna
otra área comparable del océano. Es de notar que la empresa de seguros Lloyd’s
de Londres ha determinado que el triángulo no es más peligroso que ninguna otra
zona del océano, y no cobra ninguna tasa inusual de aseguramiento por pasar a
través de esa área. También la Guardia Costera confirma esto.
Los escépticos
comentan que una evidencia más convincente de actividad paranormal sería la
desaparición de un tren entre dos paradas, y que el hecho de que eso nunca haya
sucedido sugiere que la explicación paranormal no es necesaria para la
desaparición de barcos y aviones en el océano, mucho menos predecible.
Los pilotos que,
en 1939, volaban sobre el desierto de Nazca, en el sur de Perú, inesperadamente
observaron unos extraños dibujos en el suelo. Con representaciones de animales
y aves, así como líneas en espiral y rectas, según alegaban, se parecían a las
pistas de despegue de los modernos aeropuertos. Y lo que resultaba más
asombroso era que las medidas de los dibujos eran increíblemente exactas. Unos
cincuenta años después, los científicos se muestran aún incapaces de explicar
los orígenes de estos diseños masivos. Sin embargo, dado que los dibujos sólo
son discernibles desde el aire, muchos investigadores especulan acerca de sus
antiguos creadores hubieran sido también capaces de volar, o fuesen dirigidos
por alguien que si pudiera hacerlo.
Líneas de Nazca (araña)
Para los
entusiastas del espacio, como el autor suizo Erick von Däniken, la explicación
de los dibujos resulta muy simple. Los bosquejos, Nazcas, según opina son
señales de indicadores para guiar a los aviones y se colocaron en el desierto
peruano por parte de los visitantes extraterrestres. En su libro de 1967, ¿Carros
de los Dioses?, Von Däniken propuso que
unos seres alienígenas llegaron a la tierra hace unos 10.000 años y procedieron
a manipular los genes de los monos para desarrollar especies de ser humanos. Entonces
sus creaciones consideraron como dioses a las alienígenas. La historia de la
biblia, y otra tipo de creación, sugiere Von Däniken, se arraigan en esas
primeras visitas de extraterrestres. Los hallazgos arqueológicos, como los de
Nazca, no son más que las reliquias de los antiguos astronautas.
La momia de Rosalia Lombardo, embalsamada en 1920,
sorprende Palermo (abre y cierra los ojos). "La Bella
Durmiente" apodo de la pequeña Rosalía Lombardo, se trata de la momia de una
niña descubierta en las catacumbas capuchinas en el barrio de Palermo. Lo que es sorprendente de la pequeña Rosalía son sus ojos, que han sido fotografiados durante un período de días, con un marco de tiempo de 60 segundos y al parecer abre y cierra los ojos varias veces al día.Un grupo de investigadores italianos está estudiando el caso".
(Messaggero periódico nacional Italiano, articulo publicado en fecha 18 de junio 2014.).
Historia
Cuando se
descubrió el cuerpo, probablemente momificado en 1920, los científicos se
asombraron de su estado de conservación.
Rosalía Lombardo
(13 de diciembre 1918 - 6 de diciembre de 1920), apodada La Bella Durmiente, fue
una niña de origen siciliano que falleció a la edad de dos años a consecuencia
de una neumonía. Se hizo famosa post mortem, cuando el químico Alfredo Salafia(1869 - 1933), a petición del padre de la niña, procedió a embalsamar el
cadáver conforme a su innovadora y duradera técnica. Una vez momificado el
cuerpo, este fue trasladado a la Capilla de los Niños de las Catacumbas de los
Capuchinos de Palermo, siendo uno de los últimos cuerpos en ser aceptados en la
cripta. En la actualidad,
el cuerpo embalsamado ya no continúa presente en las Catacumbas de los
Capuchinos. Un reciente
estudio con rayos X demostró que el cuerpo, incluidos los órganos, se encuentran
en muy buen estado de conservación y con un grado de deterioro muy leve. Recientemente un
equipo de investigadores del Instituto de Momias y Hombre de Hielo de Bolzano(Italia) encabezados por el biólogo antropologista Dario Piombino-Mascali ha
tenido acceso a las notas personales de Alfredo Salafia, e incluso han podido
hablar con descendientes directos del mismo para descubrir la técnica empleada
por el embalsamador, que nunca desveló en vida. La fórmula tan
celosamente guardada por Salafia consistía en una mezcla de formol diluido en
agua que actuaba como desinfectante y eliminaba a las bacterias, saturada en
sales de zinc. También incluía alcohol, que junto el clima particularmente seco
de las catacumbas podría haber secado el cuerpo de Rosalía y permitir de este
modo su momificación; ácido salicílico, que evitaba la proliferación de hongos,
y glicerina, que prevenía el excesivo secamiento de los tejidos corporales.
Otros factores
clave que intervinieron en la perfecta conservación del cuerpo de Rosalía
fueron el clima particularmente seco de las catacumbas y la aplicación de
parafina disuelta en éter en el rostro de la niña, lo que favorecería la
perfecta conservación del mismo a lo largo del tiempo. Sin embargo ahora
por motivos completamente desconocidos la niña abre y cierra los ojos y un
grupo de investigadores están estudiando el caso.
Increible verdad.
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